Porque incomodamos a los conservadores que quieren perpetuar las mismas reglas del pasado y no comprenden que Chile cambió. Trabajamos por empujar los límites, para hacer de éste un país moderno, igualitario y justo.

Porque vamos de frente, hablamos con la verdad y decimos lo que pensamos. Como país debemos acostumbrarnos a decir las cosas como son y no a esconder nuestras opiniones bajo la alfombra. Fue nuestra petición de realizar primarias en 2009 la que provocó, por ejemplo, nuestra salida de la vieja Concertación.

Porque en su momento fuimos los primeros en romper con el duopolio para convertirnos en la tercera fuerza política del país y abrimos las puertas a nuevos liderazgos y candidaturas. Para muchos es más cómodo un duopolio en el que nada avanza. El Partido Progresista –primera tienda de este siglo en inscribirse en todo el país– vino a romper con esa lógica del pasado.

Porque somos una fuerza que incomoda a quienes mantener ciertos privilegios y no logran entender solos llegamos más rápido, pero juntos llegamos más lejos. Lo que Chile necesita hoy es un articulador.

Porque muchas veces se le teme a lo desconocido. Las propuestas que hemos puesto sobre la mesa a partir de 2006 se han convertido en ideas de mayoría, pero en su minuto fueron incomprendidas y atacadas. Fuimos, por ejemplo, los primeros en proponer una reducción a la dieta de los parlamentarios.

Porque la campaña de desprestigio instalada por algunos no logró tumbar un proyecto progresista sólido y que logró reficharse en todo el país antes que nadie más y con menos recursos que el resto. Desde un inicio hemos legislado contra el monopolio de los medios de comunicación y a favor de regular la publicidad del Estado en solo un puñado de medios.

Porque nunca hemos transado nuestras convicciones ni vendido nuestra consciencia y eso puede desesperar a quienes creen que el dinero todo lo puede. Desde 2006 hemos luchado por modificar las leyes de financiamiento de la política.